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miércoles, abril 14, 2021
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Gilda Montoya: “Si cada tanto valoramos lo conseguido, nos sentiremos mejor”

El reconocido novelista francés Albert Camus, tiene entre sus frases más reconocidas una que dice: “En las profundidades del invierno, finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible.”

¿Qué nos habrá querido decir ella?

Quizá, haciendo una libre interpretación en la que nos sintamos incluidos, que en las situaciones más adversas, se puede descubrir que hay en cada uno de nosotros, una inmensa capacidad de sobrellevar el infortunio.

Que además de lágrimas, pueden brotar en nosotros sonrisas invencibles. O que no sería justo dejarse llevar por la angustia, el desconsuelo y la tristeza, sin haber intentado al menos darnos la oportunidad de buscar en nuestro interior esa fuerza compensadora de vida que todos tenemos. Que además de enojo, se puede desarrollar una gratitud que nos haga invencibles.

Lic. en Psicología Gilda Montoya

Retomando nuestro tema de la semana anterior, decíamos que aunque siempre suele haber algo por lo que sentir gratitud, parece que el cerebro no suele ser especialmente sensible a este sentimiento. Más bien tiende a pasar por alto las experiencias positivas tales como los buenos actos, los buenos momentos, las buenas oportunidades…

La mente humana tiene un “sesgo de negatividad” que es natural, que permite que las cosas dañinas, perjudiciales, adversas (experiencias, pensamientos, emociones, etc.) tengan un mayor impacto psicológico que las cosas positivas.

Como prueba de esto, sería bueno que nuestros lectores piensen y evalúen ¿Cuánto tiempo le han dedicado últimamente a algo negativo? ¿Cuánto a algo positivo? ¿Por qué será?

Como dice el psicólogo Rick Hanson, “La mente es como velcro para las experiencias negativas y teflón para las positivas”. Esa tendencia natural que todos tenemos y que, según el temperamento de cada uno será más o menos aguda ¿se puede invertir? ¿Podemos vencer la negatividad? La respuesta es sí. ¿Cómo? Con el ejercicio de la gratitud.

La gratitud es un sentimiento que se puede transformar en habilidad y por lo tanto se puede entrenar, esa es la gran noticia de hoy.

Si ponemos más atención a lo positivo que hay en nuestra vida -solemos decir a la mitad del vaso que está lleno-, aumentará nuestra sensación de placer y bienestar. Si cada tanto valoramos lo conseguido, y no siempre lo que aún tenemos por lograr, nos sentiremos mejor.

Si somos capaces de centrarnos en lo que todavía funciona, en la oportunidad que se esconde tras una pérdida, hace que nos sintamos más fuertes y capaces.

Si ejercitamos el no dar por sentadas las cosas buenas que no siempre nos pasan en la vida. Pensar por ejemplo, que nuestra familia va a darlo todo por nosotros y en todo momento, o que podemos contar siempre con nuestros amigos, o que nuestras parejas van a querernos siempre igual… Nos ayudará a apreciar lo que tenemos y lo que otras personas hacen por nosotros.

Si expresamos gratitud cotidianamente, puede ayudar a establecer nuevos vínculos sociales, y a fortalecer las relaciones existentes, y nos hará tomar conciencia del valor que los demás tienen en nuestras vidas.

Si sentimos gratitud por los demás, más que otras emociones, inhibirá las comparaciones con los demás. Si de verdad apreciamos lo que tenemos es menos probable que nos fijemos en lo que tienen o hacen los demás.

Si practicamos la gratitud, que es incompatible con el enojo, la amargura, la codicia, el olvido, reduciremos o evitaremos emociones negativas. La gratitud nos ayuda a afrontar el estrés.

El estrés es la repuesta a la sobrecarga y depende tanto de la presión externa, en este caso de pandemia (también puede ser presión interna), como de la capacidad que cada uno de nosotros tiene para hacerle frente.

La acción estresante del contexto pandémico no afecta a toda la población por igual. Es más, es probable que muchas personas puedan afrontarlo sin que les genere alguna huella psicológica negativa y permanente, por haber vivido la pandemia del año 20. El estrés no produce efectos duraderos uniformes en toda la población, ni en todas las circunstancias.

Como conclusión podemos decir que es más fácil vivir con gratitud.

“La gratitud no solo es la más grande de las virtudes, sino la madres de todas ellas” M. J. Cicerón.

Lic. Gilda Montoya

gilda_im@yahoo.com