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miércoles, abril 21, 2021
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El poder del amor en tiempos de pandemia

¿Qué es amar? Parece que la clave para una vida plena es el amor. Aprender a amar debiera convertirse entonces en “el aprendizaje de la vida” y seguramente si nos centráramos en esta tarea que es vital para nuestro pleno desenvolvimiento, viviríamos mucho mejor.

Sigmund Freud creía que el amor era la mitad de la vida de una persona. Suponía que alguien gozaba de buena salud psíquica, si estaba en condiciones de amar y de trabajar.

El amor no es algo natural, el amor es un arte. Y como todo arte, requiere disciplina, concentración, paciencia, fe y la superación del narcisismo. El amor no es un sentimiento, es una práctica.

Desde el mismo momento en que abrimos los ojos al mundo necesitamos del otro. No hay manera de sobrevivir o de crecer, si no existe ese otro que lo haga posible. El amor es el afecto que sentimos por alguien, o bien por alguna cosa, pero también es el amor a sostener algunas ideas sobre otras.

Todos los días los distintos medios de comunicación masiva nos informan de la crisis mundial que estamos atravesando y sus distintas consecuencias, por lo tanto somos testigos, muchas veces, de distinto tipo de violencia.  Si a pesar de esto, nos disponemos a renovar nuestro optimismo, y a hacer de éste mundo un lugar mejor, es que podemos amar por sobre todas las otras emociones y disfrutar de la vida.

¿Sabemos amar?

Todos debiéramos estar dispuestos a amar, pues el amor es algo inherente al ser humano. El ser humano está hecho para amar. Pero solemos comportamos como si el amar no se aprendiera, como si el amor fuera algo que está y se pondrá en funcionamiento cuando las circunstancias de nuestra vida lo hagan necesario. Sin darnos cuenta de que no se puede vivir aquello que no practica.

Hay que dedicarle tiempo al amor, hay que estar siempre dispuesto a crecer viviendo en “modo” amor y en amar, más que en cualquier otra emoción.

Vivir la vida como un enamorado, es la mejor opción porque nos permite renovar la esperanza de vivir mejor.

Para Freud, si amas sufres, si no amas enfermas. No hay manera de amar sin cierto sufrimiento. Amar nos enfrenta con la posibilidad de sufrir algún dolor (un desengaño, alguna desilusión, un enojo), el hecho de amar nos expone a otros.

Y cuando decimos que no amar enferma, es porque uno se queda con la mirada dirigida hacia adentro, hacia uno mismo sin la posibilidad de salir al mundo, sin romper la falsa idea de que no se necesita de los demás.

¿A quiénes o qué debemos amar?

Se puede sentir amor hacia familiares, nuestra pareja, y nuestros amigos, y claro se puede sentir amor hacia la vida, el amor es una verdadera elección vital, un estilo de vivir.

Los seres humanos somos seres sociales. Necesitamos unos de otros, comunicarnos y afiliarnos con los demás. Nuestros motivos personales más básicos son la seguridad física y la comunión con los otros. Por lo tanto, cuando amamos lo hacemos con intención de vincularnos y encontrar lazos, protección, reconocimiento.

¿Se puede aprender a amar?

Todos nacemos con capacidad de amar y la necesidad de ser amados, pero no todos tenemos la habilidad de amar, por lo que se necesita practicar, se trata de ser amados y de amar.

¿Quién nos enseña a amar?

La forma en que cada uno aprende lo que es el amor está determinada por la cultura en la que nos educamos: la familia y la sociedad. Nuestra historia personal, nuestras experiencias, nuestro tiempo.

¿Cómo aprendemos a amar?

A amar la vida y a amar bien, se aprende. Nunca es tarde para aprender y sentirnos mejor. Aprender algo para lo cual estamos capacitados potencialmente y entonces es posible de desarrollar, desenrollar lo que no se ha desplegado…

Para aprender a amar, es necesario detenernos y revisar cómo nos sentimos y evaluar cómo están nuestras habilidades para amar.

Es importante reconocer nuestras propias necesidades y revisar nuestra forma de amar. La persona que ama no debe olvidarse de sus propias necesidades emocionales: necesidad de ser escuchados, reconocidos, respetados.

Amarse a uno mismo, es contar con una buena capacidad de autoestima. La persona que ama es aquella que se ama adecuadamente a sí misma, que comprende que se puede ofrecer solo aquello que se tiene y que se conoce, para luego entregarlo a los demás.

Cuidar al otro, a la pareja, a la familia, a los amigos. Cuidar los pequeños detalles: en estos tiempos, una llamada, un mensaje de texto, el envío de un stickers, cada vez que podemos una sonrisa. Regalar detalles sencillos es cuidar. Y cuidar es amar.

Tal y como lo lees, amar sanamente produce beneficios para la salud a todos los niveles, desde mejorar el sistema inmunológico a fomentar la creatividad en el individuo, lo que finalmente se traduce en una mayor sensación de bienestar y felicidad.

Por Gilda Montoya, Licenciada en Piscología.

Correo: gilda_im@yahoo.com